Estas dos imágenes borrosas que hoy traigo, tienen un valor incalculable. Son los últimos documentos de un ave que hace poco ha sido declarada extinguida a nivel mundial. Se trata del Zarapito fino (Numenius tenuirostris) y las imágenes son dos fotogramas de una filmación que hicimos en Marruecos en el año 1994. En ese momento solo quedaban dos.

Encuentro en mis diarios de campo unas notas referidas a cinco zarapitos finos que encontramos comiendo confiadamente en la orilla de la Reserva Natural de Merja Zerga, en Moulay Bouselham, Marruecos, el día 5 de enero de 1992. Comían en un trigal que estaba brotando, cerca de la orilla de la gran laguna. Es un área de caza donde habitualmente se abatían limícolas. De todas las aves que había en el grupo, la especie más confiada era, sin duda, el zarapito fino. Logramos acercarnos a tan solo unos quince metros de distancia sin que se asustasen y, cuando por fin lo hicieron, simplemente volaron unos pocos metros para volver a posarse y seguir comiendo confiadamente. Es, probablemente, este exceso de confianza una de las causas que los llevó a la extinción definitiva. En los años sucesivos fuimos viendo cómo el pequeño bando se iba reduciendo de uno en uno hasta desaparecer completamente y para siempre, en 1995, cuando fue visto el último ejemplar en aquel mismo lugar. Hoy, cuando han pasado más de treinta años de aquel momento, ya se ha perdido la esperanza de que exista o vuelva a existir. Se ha extinguido. Sin remedio. Y por eso hace unos meses se produjo la declaración mundial de extinción.
Antes de que aquello ocurriera logramos fotografiarlo y filmarlo en algunas ocasiones. Concretamente filmamos dos ejemplares el 13 de diciembre de 1992 y también el 22 de enero de 1994. Se trata de un documento de un valor científico incalculable. Son cuarenta minutos en los que comen y se relacionan con otras aves limícolas en el borde de un terreno de cultivo cercano a Gnafda, a pocos metros de la orilla de Merja Zerga (el lago azul). Eran dos ejemplares. Un año más tarde, en 1995, solo quedaba uno. Después, el silencio.
Recuerdo que en 1994 estaba comenzando la construcción de la primera autopista norte/sur en Marruecos, la que hoy se denomina A-5. En la planificación, una de las áreas de descanso diseñada quedaba a pocos metros de la que fuera (ironías del destino) el área de descanso de los zarapitos finos. Cuando se inauguró la autopista, aquella cafetería recibió el nombre de «Le Courlí», o lo que es lo mismo, el zarapito, y pintaron un gran mural para recordar la presencia de tan singular especie en ese mismo lugar. Hoy el mural ha desaparecido y el área de descanso se llama “Oasis Café”, que debe ser más comercial, supongo. La cuestión es que de ahí, de la cafetería, también se ha extinguido el zarapito fino. Por eso, viendo que poco a poco se va convirtiendo en humo, he querido dejar esta pista. Para recordar, al menos por aquí, que una vez existió una especie más, con la que compartíamos este planeta. Y que no fue capaz de superar la destrucción de sus hábitats de reproducción en Siberia (lagunas que fueron transformadas en granjas) y la persecución cinegética en sus lugares de migración e invernada.
Nada, un millón de años de evolución para que el último zarapito haya acabado en el plato de la cena de un cazador que probablemente ni siquiera sabía lo que había matado.
